¡Los jóvenes titanes van!(2013) es un caso único: no es la adaptación de un cómic, es la parodia de una adaptación anterior—el de 2003. Ha dividido al público más que cualquier otra serie de este corpus y plantea una pregunta fundamental: ¿a quién pertenece un personaje popular? Aquí está la comparación detallada.
Una serie muy vista y odiada, cuyo juicio merece ser investigado con honestidad. Descifrado fuente por fuente, sin revelar los resultados.
Como en cada artículo de esta serie, sólo se indica información verificada (creadores, distribución, fechas, editores); el análisis comparativo es nuestro, sin reproducir diálogos ni imágenes protegidas.
Título :¡Los jóvenes titanes van! (desde 2013)
Formato: episodios muy cortos, chistes independientes
Intérpretes: los de la serie 2003
Objetivo : el género superheroico en sí
Recepción : Éxito de la audiencia, rechazo de los fans.
Los nuevos titanes jóvenes(1980) - Wolfman & Pérez
Nuevos Jóvenes Titanes #2—Golpe mortal
Un título derivado publicado como acompañamiento
Fuente real: la serie animada de 2003
- L'equipo por Wolfman y Pérez.
- EL intérpretes vocales desde 2003.
- Le diseño De inspiración japonesa.
- La redondo como lugar de vida común.
- Le registro cómico, ya presente en 2003.
- Le drama desaparece por completo.
- EL personajes se convierten en resortes cómicos.
- La continuidad está abandonado.
- El género mismo se convierte objetivo.
- Ninguno cómic no es adecuado.
Adaptar una adaptación
La posición de esta serie en nuestro corpus es única. Todos los demás parten de un cómic. Esto comienza desde un serie animada—el de 2003, que a su vez adaptó la versión de Marv Wolfman y George Pérez, y la trata como su fuente: los mismos personajes, los mismos intérpretes vocales, el mismo diseño de inspiración japonesa, el mismo truco.
Lo que ella hace con él es exactamente lo contrario. La serie de 2003 alternó comedia y drama y dedicó una temporada entera al Contrato de Judas, una historia de traición que esta obra ha detallado. ¡Los jóvenes titanes van! elimina el dramatismo, abandona la continuidad y reduce los episodios a gags autónomos de unos minutos de duración en los que los personajes se comportan como compañeros de cuarto infantiles.
Hay que medir la naturaleza del gesto: no es una adaptación fallida, es una cambio de género reclamado. La serie en ninguna parte pretende contar la historia de Wolfman y Pérez. Toma figuras que le resultan familiares y las utiliza como material cómico.
El juicio, llevado a cabo honestamente
El rechazo ha sido considerable y merece ser examinado en lugar de descartado, del mismo modo que no merece ser respaldado sin un examen.
La denuncia central es legítima: durante toda una generación, los Jóvenes Titanes eran la serie de 2003, con su arco de traición y personajes en evolución. Ver esas mismas voces, esos mismos diseños utilizados para hacer gags se vivió como un despojo –sobre todo porque la serie de 2003 terminó sin concluir. La sensación de sustitución, más que de adición, explica la intensidad de la reacción.
Sin embargo, dos elementos deben incluirse en el expediente. Primero, la serie de 2003 fue Ya cómico buena parte del tiempo: este conjunto de trabajos demostraba que ella había eliminado el elemento más duro del Contrato de Judas. El paso a la comedia pura es un movimiento del cursor, no una negación.
Entonces, y este es el argumento que gana la comparación: Teen Titans Go! fue, para una nueva generación de niños,la puerta principal hacia estos personajes, exactamente el papel que la serie de 2003 había desempeñado en la anterior. Este corpus ha establecido que el poder de designación de una serie animada supera con creces al de una revista mensual. Criticar una adaptación por existir para un público que no es el suyo equivale a confundir una decepción personal con un defecto de la obra.
Los personajes, del papel a la pantalla
- petirrojo— Jefe obsesivo, más cómico que dramático.
- Cuervo— La herencia demoníaca reducida a un rasgo de carácter.
- Starfire, Cyborg, Chico Bestia— El equipo de Wolfman y Pérez, como compañeros de cuarto.
- Figuras invitadas de DC— Tratado con total irreverencia.
Lo que dice el éxito de una parodia sobre el mercado
Vale la pena plantear un punto más amplio, porque arroja luz sobre varios casos de este corpus.
Una parodia sólo funciona de forma sostenible si su objetivo es firmemente instalado.La garrapataduró porque las convenciones de superhéroes se habían vuelto lo suficientemente rígidas como para ser objeto de burla. ¡Los jóvenes titanes van! prospera por la misma razón, un paso más allá: el género está ahora tan omnipresente en el cine y la televisión que se puede construir una serie entera sobre su burla, sin que el público necesite haber leído un solo cómic.
Es un indicador de la madurez del género y tiene una consecuencia práctica para el coleccionista. Cuando una franquicia llega a esta etapa, su la solicitud deja de ser llevada por los lectores: está impulsado por la notoriedad general. Las probabilidades de las claves antiguas siguen movimientos que ya no tienen mucho que ver con la calidad o rareza de los números, solo con la exposición del personaje. Esto explica brechas que de otro modo serían incomprensibles entre primeras apariciones de rareza comparable.
El formato corto y lo que lo hace imposible
Un punto técnico merece ser aclarado, porque determina todo lo demás y se aplica a muchas producciones contemporáneas.
¡Los jóvenes titanes van! Trabaja en episodios muy breves, construidos como bocetos autónomos. Este formato no es una elección estética aislada: responde a las limitaciones de la radiodifusión y la retransmisión, programando un episodio breve en cualquier horario y visualizándolo en cualquier orden.
Pero hace estructuralmente imposible lo que hizo valiosa la carrera de Wolfman y Pérez: la duración. Una traición preparada a lo largo de docenas de temas, personajes que envejecen, consecuencias que perduran; nada de eso puede existir en un formato en el que cada episodio debe comenzar desde cero.
Este corpus demostró lo contrario en varias ocasiones:X-Men en 1992etHombre araña en 1994habían impuesto una estructura serializada en una época en la que la norma era el episodio independiente, y eso es precisamente lo que los hizo memorables.
¡Las críticas dirigidas a Teen Titans Go! Por lo tanto, en última instancia, se trata menos de tono que de formato. Y el formato no depende de los autores.
Hay que añadir que la serie ha producido sus propios largometrajes, uno de los cuales fue elogiado por la calidad de su sátira, prueba de que el registro no prohíbe la ambición. Este corpus también ha mostrado conLa garrapataque una parodia puede ser mejor que lo que parodia, siempre que se conozca el tema. ¡El juicio por pereza contra Teen Titans Go! Por tanto, no resiste bien el examen: lo que realmente le reprochamos es que ocupa un lugar que queríamos que se ocupara de otra manera.
Finalmente, observemos una consecuencia práctica de su longevidad: la serie ha durado más de una década, mucho más que las cinco temporadas de su predecesora. Esta duración por sí sola acabará por convertirla, para muchos, en la versión de referencia, lo que legítimamente preocupa a quienes se preocupan por el otro. Pero este corpus demostró que la versión de referencia de una audiencia nunca borra la de otra: la serie de 2003 conserva su audiencia, y la carrera de Wolfman y Pérez sigue siendo a lo que los dos se refieren.
Lado de la colección: a qué números apuntar después de la serie
El recorrido designado sigue siendo el del recorrido Wolfman y Pérez, que este corpus ha detallado en relación conla serie 2003.
Los nuevos titanes adolescentes #2(1980) es la clave principal: primera aparición de Deathstroke, personaje que se ha convertido en uno de los antagonistas más utilizados de DC, con numerosas apariciones en pantalla.Número 26(1982) presenta Terra, cuya importancia se debe enteramente al Contrato de Judas.
Una nota específica para este título: la serie de 2013 generó la suya propia título derivado en cómics, publicado como acompañamiento. Estos números recientes no tienen ninguna rareza y su interés es nulo a nivel especulativo, pero constituyen una lectura accesible para un público joven, y es por eso que merecen ser conocidos. No los confundas con la serie de 1980 de los anuncios: los títulos son similares.
Como siempre, la condición y la gradación determinan el valor; Se recomienda encarecidamente confiar en ventas reales recientes.
Donde empezar a leer
Los nuevos titanes adolescentes #1(1980) sigue siendo la puerta de entrada, y la diferencia con la serie de 2013 será total: un culebrón de relaciones densas, personajes que envejecen y una historia de traición preparada a lo largo de decenas de números. Para un lector joven que viene de la serie, el título derivado contemporáneo es una lectura adecuada.
Línea de tiempo para saber
- 1980— Los nuevos Jóvenes Titanes, de Wolfman y Pérez.
- 1984— El contrato de Judas, lo más destacado.
- 2003-2006— La serie animada, puerta de entrada a una generación.
- 2013— Teen Titans Go!, parodia de esta adaptación.
Su lugar en la saga y para el coleccionista
¡Los jóvenes titanes van! es el único caso en este corpus donde el objeto adaptado es una adaptación. El rechazo que provoca es comprensible -una generación lo vio como un despojo-, pero confunde la decepción con un defecto: la serie no pretende llevar nada y desempeña para un nuevo público el mismo papel que había desempeñado el anterior. Para el coleccionista, esto ilustra sobre todo una etapa de madurez del género en la que la demanda deja de estar impulsada por los lectores y pasa a ser impulsada por la notoriedad, lo que explica muchas de las diferencias de precios que de otro modo serían inexplicables.
El veredicto: los personajes conservados, el género apuntado
- Lealtad: el equipo de Wolfman y Pérez, los vocalistas de 2003, el diseño japonés, la torre y un registro cómico ya presente en la anterior adaptación.
- Libertades: el drama se elimina por completo, los personajes se reducen a resortes cómicos, se abandona la continuidad y el género superheroico se convierte en el objetivo.
- Números coleccionables: New Teen Titans #2 (1980) y #26 (1982), no el título derivado contemporáneo.
Esta serie no traiciona ningún cómic: no adapta ninguno. Lo que sacude es el recuerdo de una adaptación anterior, y eso es precisamente lo que hace que su examen sea interesante.
Preguntas frecuentes
Ninguno. Su fuente real es la serie animada de 2003, que a su vez adaptó la dirección de Marv Wolfman y George Pérez. Este es el único caso en este corpus donde el objeto adaptado es una adaptación.
El agravio es legítimo: durante una generación, los Jóvenes Titanes eran la serie de 2003, parada sin concluir. Pero la serie de 2003 ya fue cómica buena parte del tiempo, y la serie de 2013 desempeña para una nueva audiencia el papel exacto que desempeñó la anterior.
Que una parodia sólo dura si su objetivo está firmemente establecido. El género superheroico está hoy tan omnipresente que se puede construir una serie entera sobre su burla, sin que el público haya leído un solo cómic.
Cuando una franquicia llega a esta etapa, su demanda deja de estar impulsada por los lectores y pasa a ser impulsada por la notoriedad general. Las probabilidades siguen entonces la exposición del personaje más que la rareza del número, de ahí diferencias que de otro modo serían incomprensibles.
New Teen Titans #2 (1980) para Deathstroke y #26 (1982) para Terra. Tenga cuidado de no confundirlos, en los anuncios, con el título derivado contemporáneo publicado junto con la serie de 2013: los nombres son similares, el interés no tiene nada que ver.
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