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Un Mark Jewelers insert es un encarte publicitario de cuatro páginas, grapado en el centro del cómic, que anunciaba anillos de compromiso y joyas dirigidos a los militares estadounidenses. Las fuentes documentadas sitúan estos encartes entre 1972 y mediados de los años 1980, algunas prolongándolos hasta principios de los años 1990, en Marvel, DC y Gold Key. Los ejemplares afectados partían hacia los puntos de venta de las bases militares, en Estados Unidos y en el extranjero, lo que los convierte en un subconjunto de un subconjunto: a partir de los números fechados en octubre de 1980, el encarte solo aparece en ejemplares de quiosco, ya minoritarios. CGC menciona el encarte en la etiqueta, y un ejemplar cuyo encarte ha sido arrancado puede salir con etiqueta verde «Qualified». La prima existe, pero es muy desigual: fuerte en un número clave codiciado, casi nula en los demás.

Existe en los cómics estadounidenses una categoría de objetos que casi nadie buscaba en el momento en que circulaban, y que casi nadie mira todavía de verdad hoy en el mundo hispanohablante. Los encartes de Mark Jewelers forman parte de ella. Son páginas de publicidad de una joyería, impresas en un papel más grueso que el resto del cómic, insertadas en medio de algunos ejemplares y solo de algunos. Nada en la portada las anuncia. Nada en los sumarios las menciona. Hay que abrir el cómic, o mirar su canto, para saberlo.

Esta discreción es exactamente lo que hace interesante el tema, y lo que lo hace traicionero. Interesante porque un objeto en el que no se repara es un objeto que no se conserva: la mortalidad de estos ejemplares ha sido elevada, y su escasez es real. Traicionero porque la escasez por sí sola no crea valor, y porque la literatura disponible sobre el tema es escasa, dispersa y a veces contradictoria. Este artículo mantiene, pues, dos promesas: darte un método de identificación que funcione y decirte con honestidad dónde se detiene lo que está establecido.

Los números clave de Los encartes de Mark Jewelers, el nicho invisible por orden de importancia

Un joyero, unos soldados y una idea comercial muy dirigida

El punto de partida es una operación de publicidad clásica en su mecánica y singular en su objetivo. Mark Jewelers era un minorista de joyería que llegó a un acuerdo con editoriales de cómics para deslizar en algunos ejemplares un encarte que anunciaba anillos de compromiso, alianzas, relojes y collares. El objetivo no era el lector adolescente medio: era el militar estadounidense destinado, lejos de casa, y susceptible de comprar una joya para alguien que se había quedado en el país.

El razonamiento comercial se lee sin esfuerzo. Los cómics eran un producto de gran consumo presente en los puntos de venta de las bases, incluidas las del extranjero. El público militar era joven, a menudo soltero o recién prometido, disponía de una paga regular y estaba geográficamente aislado de los comercios donde habría hecho esa compra de otro modo. Un encarte de cartulina en medio de un cómic de veinticinco o treinta y cinco centavos llegaba a esa población por un coste irrisorio. La operación era, en su lógica, perfectamente racional.

Sobre el propio anunciante, en cambio, hay que ser francos: la documentación es casi inexistente. Las investigaciones publicadas por coleccionistas que intentaron seguir la pista de la empresa se detuvieron por falta de rastros. Una indagación publicada en 2021 cuenta precisamente ese fracaso: el autor no encontró ni acta de nacimiento ni de defunción de la sociedad, y los homónimos contactados no tenían ningún vínculo con ella. Varias fuentes mencionan una sociedad del mismo nombre en California, pero una de ellas señala que esa sociedad fue creada en 1981, es decir, varios años después de los primeros encartes, lo que hace dudosa la vinculación. Existen también joyeros cuyo nombre se escribe con una ortografía parecida, sin relación establecida.

Dicho de otro modo: el objeto está documentado, el anunciante no. Es una asimetría poco habitual, y explica parte de la bruma que rodea a este nicho. Cuando el emisor de una variante es una editorial, se pueden reconstruir tiradas, contratos, notas internas. Cuando es un anunciante desaparecido, solo quedan los propios ejemplares.

El periodo y las editoriales: lo que está establecido y lo que varía según las fuentes

Los límites temporales difieren de una fuente a otra, y es mejor presentar esa diferencia que ocultarla.

La referencia citada con más frecuencia sitúa los encartes entre 1972 y 1986. Registros de coleccionistas identifican ejemplares desde los números fechados en agosto de 1972, citando en particular Action Comics #415 y House of Secrets #99 como los más antiguos localizados en DC. Un informe dedicado a las series de licencia documenta un intervalo que va de noviembre de 1972 a julio de 1986. Otras fuentes, en particular tiendas especializadas, prolongan la práctica hasta principios de los años 1990. Parte de este desacuerdo viene probablemente del método: identificar el último encarte supone haber revisado series enteras, ejemplar por ejemplar, lo que nadie ha hecho de forma exhaustiva.

Sobre las editoriales, el consenso es más nítido. Marvel y DC se citan sistemáticamente. Gold Key aparece en los informes más antiguos, con un matiz útil: algunos números de Gold Key de principios de los años 1970 contenían una publicidad de Mark Jewelers de una sola página, impresa en el papel ordinario del cómic, y no un encarte distinto. Esos ejemplares no constituyen una variante, puesto que toda la tirada la llevaba. La distinción es fundamental y merece retenerse: lo que hace la variante no es la presencia de una publicidad de joyero, es la presencia de un encarte físicamente separado que solo una parte de la tirada recibió.

Otra observación estructurante figura en los informes: a partir de los números fechados en octubre de 1980, los encartes de Mark Jewelers solo aparecen en ejemplares de la edición de quiosco. Esto no viene de una decisión del anunciante sino de la reorganización de la distribución estadounidense, en la que la red de tiendas especializadas se separa progresivamente de la red de prensa. Para quien ya conoce la distinción entre edición de quiosco y edición de tienda, la consecuencia es inmediata: en los números posteriores a esa fecha, un ejemplar con encarte es forzosamente un ejemplar de quiosco, y la escasez del encarte se suma a la, ya real, del quiosco.

Por qué son raros estos ejemplares: tres filtros sucesivos

La escasez de los ejemplares con encarte no viene de una tirada limitada decidida por la editorial. Viene de la acumulación de tres filtros independientes, y eso es lo que la hace difícil de cifrar.

1

El filtro de destino

1972-1986 · circuito de las bases militares
El más determinante

Solo una fracción de la tirada recibía el encarte, y esa fracción partía hacia los puntos de venta de las bases militares estadounidenses, tanto en el territorio nacional como en el extranjero. Un lector que compraba su cómic en una droguería ordinaria no tenía ninguna posibilidad de toparse con un ejemplar con encarte. La geografía de la distribución, no la tirada, es el primer factor de escasez.

Conviene saber: las fuentes divergen sobre la extensión exacta del circuito, algunas limitándolo a las bases del territorio estadounidense, otras incluyendo explícitamente las instalaciones en el extranjero. La mayoría de los informes retiene ambas.
2

El filtro del quiosco

A partir de los números fechados en octubre de 1980
Escasez acumulada

En la segunda mitad del periodo, el encarte solo existe en la edición de quiosco. Ahora bien, el quiosco se vuelve a su vez minoritario a lo largo de los años 1980, a medida que la tienda especializada absorbe el mercado. Buscar un ejemplar con encarte en un número de 1984 equivale, por tanto, a buscar una subpoblación de una población ya reducida. Es lo que un observador describió como una escasez de varios pisos, difícil de seguir.

Conviene saber: si ya trabajas en la autenticación de ejemplares de quiosco, el encarte se busca en el mismo gesto, en los mismos números.
3

El filtro del arrancado

Permanente, y todavía en curso
El más subestimado

El encarte es rígido. Las primeras versiones se imprimían en cartulina, las siguientes en papel satinado grueso. En ambos casos, el cómic se hojea mal y se abre de través. Muchos lectores retiraron, pues, simplemente el encarte para leer con comodidad. Cada arrancado destruye una variante sin destruir el cómic: el ejemplar sobrevive, la particularidad desaparece.

Conviene saber: este filtro sigue actuando. Un ejemplar con encarte comprado hoy puede perder su particularidad en manos del siguiente propietario, por simple torpeza o por ignorancia de lo que tiene.

Queda la cuestión de la cifra. A veces se lee que alrededor del 2 % de la tirada habría recibido el encarte. Esta estimación circula en obras de referencia, pero se presenta como una opinión y no como una medida. Los registros de coleccionistas más prudentes dicen otra cosa: la proporción entre ejemplares ordinarios y ejemplares con encarte es desconocida, y solo se constata que los segundos son claramente menos numerosos. Es la formulación honesta, y es la que hay que adoptar. Si se quiere razonar seriamente sobre estos volúmenes, es mejor emplear los métodos generales de estimación de tirada y de escasez que repetir un porcentaje cuya fuente nadie conoce.

Método de identificación: seis gestos, en este orden

La identificación está al alcance de cualquiera, a condición de proceder en el orden correcto y de no saltarse el paso del canto, que es el más rápido.

1

Comprobar primero la ventana de fechas

Mira la fecha que figura en el indicia, al pie de la primera página. Si es anterior a 1972 o posterior a finales de los años 1980, la hipótesis del encarte se vuelve muy improbable y puedes detenerte ahí. Este reflejo te evitará inspeccionar cientos de cómics para nada. En los números posteriores a octubre de 1980, añade una segunda condición: el ejemplar debe ser una edición de quiosco, reconocible por su código de barras.

2

Examinar el canto superior, con el cómic cerrado

Es el gesto más eficaz y el menos arriesgado. Coloca el cómic cerrado y mira el canto de arriba con luz rasante. Un encarte en papel grueso crea una banda visible en medio del grosor, a menudo de un tono distinto del papel prensa que lo rodea. Las descripciones de coleccionistas hablan de una banda de papel pesado, a veces azulada, localizable sin abrir el cómic. Esta inspección no manipula nada y no corre, por tanto, el riesgo de dañar las grapas.

3

Abrir por el centro, sobre una superficie plana

El encarte está grapado en el centro del cómic, en el lugar de la doble página central. Abre el cómic en plano, sin forzar el lomo, hasta llegar a la mitad. El encarte se impone por sí solo: es más rígido, más brillante, y su formato puede ser muy ligeramente distinto del de las páginas del cómic. No dobles nunca la portada hacia atrás para ir más rápido: es el gesto que crea los pliegues del lomo.

4

Contar las páginas y leer lo que anuncian

El encarte típico representa unas cuatro páginas de publicidad, dedicadas a anillos, alianzas, relojes y collares. El contenido debe ser una publicidad de joyería a nombre de Mark Jewelers, no una publicidad de joyería cualquiera. Existieron otros encartes del mismo tipo para otros anunciantes del sector, en números de principios de los años 1970: una publicidad de joyas en papel grueso no es, por tanto, por sí sola la prueba de un Mark Jewelers.

5

Distinguir el encarte de la simple página de publicidad

Si la publicidad del joyero está impresa en el papel ordinario del cómic y forma parte de la paginación normal, no tienes una variante: toda la tirada la llevaba. Es el caso documentado de algunos números de Gold Key de principios de los años 1970. El criterio es físico y sin ambigüedad: el encarte es un cuadernillo distinto, en otro papel, añadido en el momento del ensamblaje.

6

Buscar un código de encarte y anotar el resultado

Los informes más detallados señalan la presencia, en algunos encartes, de un pequeño código alfanumérico que permite distinguir las versiones sucesivas de la publicidad. Este nivel de detalle solo interesa a un puñado de especialistas, pero existe. En todos los casos, termina escribiendo lo que has constatado en tu inventario, junto al número en cuestión: encarte presente, ausente o parcialmente arrancado. Sin esa nota, la información se perderá en la primera reorganización.

Cuando el encarte se ha retirado: qué cambia realmente

Es el punto en el que el nicho deja de ser una curiosidad para convertirse en una cuestión seria de valoración, y es también aquel en el que hay que ser más prudente.

Un ejemplar cuyo encarte ha sido arrancado plantea un problema de naturaleza particular. No se trata de un defecto de estado ordinario, como un pliegue o una decoloración: se trata de una página que falta. Ahora bien, una página que falta no la tratan los servicios de calificación como un desgaste, sino como una incompletitud. Las observaciones comunicadas por coleccionistas indican que CGC atribuye en este caso una etiqueta verde, llamada «Qualified», que señala explícitamente que el ejemplar está incompleto respecto a lo que debería ser. El mismo principio se aplica más ampliamente: un encarte grapado en el cómic forma parte del objeto, y su ausencia se menciona.

De ello se derivan dos consecuencias prácticas, y van en direcciones opuestas.

La primera es desagradable. Si posees un ejemplar de quiosco de un número conocido por haber recibido encartes, y la doble página central falta, tu ejemplar no es simplemente un ejemplar ordinario: puede percibirse como un ejemplar con encarte amputado, con la etiqueta que lo acompaña. En un número buscado, esta distinción cuenta.

La segunda es una advertencia contra la reparación. La idea de volver a pegar en su sitio un encarte encontrado parece seductora: hay que evitarla por completo. Las intervenciones de este tipo son restauración, y la restauración se señala con una etiqueta distinta de la de la incompletitud. Querer corregir un defecto de incompletitud añadiendo materia equivale a cambiar una señalización por otra, generalmente peor acogida. La regla es sencilla: no se añade nada a un cómic de colección, y tampoco se le quita nada. El detalle de estas categorías de etiquetas se trata en nuestra guía sobre la calificación CGC.

Última precisión, e importante para no sobreinterpretar: las fuentes de coleccionistas señalan que el encarte se menciona en la etiqueta, pero también que esa mención se ha omitido a veces, obligando a algunos propietarios a hacer reetiquetar su ejemplar. La ausencia de mención en una etiqueta antigua no prueba, por tanto, la ausencia de encarte. Es contraintuitivo, y es una fuente frecuente de error en este nicho.

El efecto sobre el valor y por qué es tan desigual

Esta es la parte en la que la honestidad importa más, porque es la que las discusiones de coleccionistas deforman con más gusto.

La prima existe, y está documentada en números concretos. El ejemplo citado con más frecuencia se refiere a Werewolf by Night #32, primera aparición de Moon Knight. Un informe publicado por un servicio de seguimiento de cotizaciones indica que un ejemplar calificado 6.5 con encarte de Mark Jewelers se vendió el 31 de octubre de 2020 por 1 975 dólares, mientras que el valor de mercado estimado de un ejemplar ordinario de la misma nota rondaba los 975 dólares. La diferencia, en esa venta, es del mismo orden que el valor del propio cómic. Es un caso real, fechado y documentado.

Pero hay que poner de inmediato la contrapartida, y es masiva: este caso no es representativo. En la mayoría de los números, el encarte no produce nada en absoluto, o tan poco que la diferencia se pierde en la dispersión normal de los precios. Los mismos informes que documentan la prima en un número clave mencionan en otros lugares ejemplares con encarte de series medias vendidos a niveles apenas distinguibles de los de ejemplares ordinarios, o incluso a la baja respecto a transacciones anteriores. Los comentaristas más lúcidos de este nicho lo dicen sin rodeos: la escasez está presente en todas partes, pero la prima solo se materializa allí donde un comprador la hace existir.

El mecanismo es, en realidad, sencillo de entender, y vale mucho más allá de los Mark Jewelers. Una particularidad de ejemplar no crea demanda, la segmenta. En un número en el que miles de personas se disputan los ejemplares, una subcategoría rara proporciona un criterio de desempate, y el precio se aleja. En un número donde la demanda es baja, la misma subcategoría rara no desempata nada, porque no hay nadie a quien desempatar. El encarte no fabrica, por tanto, valor: amplifica un valor que ya existía. Es la lógica que se encuentra en todo el ámbito de las particularidades de edición, y que detallamos en la guía de las portadas variantes.

Tres factores explican concretamente la desigualdad observada.

Primero, el propio número. Una primera aparición importante atrae a una población de compradores lo bastante amplia como para que una fracción de ellos se interese por las particularidades. Un número de mitad de serie no atrae a nadie de ese perfil. Por eso las listas de números con encarte que circulan entre coleccionistas son casi todas listas de números ya clave por otras razones: números de Uncanny X-Men, de New Mutants o de Amazing Spider-Man. El encarte es allí un suplemento, no el asunto.

Después, la nota. En un ejemplar con nota alta, la escasez combinada del encarte y del estado crea una población de unas decenas de ejemplares, a veces menos, y es ahí donde las diferencias de precio se vuelven visibles. En un ejemplar medio o dañado, el encarte no cambia prácticamente nada, porque el comprador de un ejemplar de lectura no compra una particularidad.

Por último, la notoriedad de la propia particularidad. Una variante conocida por todos se negocia con una diferencia estable, porque todo el mundo sabe lo que vale. Una variante conocida por un puñado de personas se negocia de forma errática: según que el vendedor sepa o no lo que vende, y que el comprador sepa o no lo que compra, el mismo objeto puede pasar al precio de un ejemplar ordinario o al doble. Los encartes de Mark Jewelers siguen en esta segunda situación, y es precisamente lo que los convierte en un nicho.

Para quién tiene sentido este nicho y para quién no

Hay que decir con claridad por qué este tema sigue siendo marginal, porque las razones son estructurales y no desaparecerán.

La primera razón es la invisibilidad. Una portada variante se ve a un metro; un encarte no se ve en absoluto. Una particularidad que no se puede mostrar sin abrir el objeto, y que ya no se puede mostrar en absoluto una vez el objeto está sellado, se difunde mal. Solo existe por la mención en una etiqueta, es decir, por un intermediario.

La segunda razón es la fragilidad del corpus. Como nadie coleccionaba estos ejemplares en su época, nadie ha elaborado la lista completa. No existe un registro exhaustivo de los números afectados, solo listas parciales elaboradas por coleccionistas a partir de sus propios hallazgos. Esta ausencia de referencial impide que el nicho se estructure: no se puede coleccionar metódicamente un conjunto cuyos contornos se desconocen.

La tercera razón es cultural y vale particularmente fuera de Estados Unidos. El resorte de esta colección es en parte de memoria: toca la vida de los militares estadounidenses en guarnición, bases cuyos nombres no dicen nada a un lector hispanohablante y una práctica comercial propia de ese contexto. Esta dimensión, que alimenta el interés en Estados Unidos, no se transpone.

Con todo, este nicho tiene un sentido preciso para tres perfiles.

El coleccionista que ya trabaja el quiosco encuentra en él una extensión natural. Si de todos modos inspeccionas los códigos de barras y las fechas de tus ejemplares de los años 1980, añadir una ojeada al canto no cuesta nada y puede hacer aparecer una particularidad en un lote ya comprado. Es la mejor relación entre esfuerzo y resultado de todo el tema.

El buscador de fondo de cajón encuentra en él una ventaja de información. En un mercado donde la mayoría de los vendedores no miran el canto, saber mirar es una ventaja real. Los testimonios de coleccionistas que describen haber encontrado un ejemplar con encarte en un cajón a bajo precio no son leyendas: son la consecuencia directa de que la información no se comparte.

El coleccionista de largo aliento en una serie única encuentra en él un objetivo adicional. Si completas una serie entera de los años 1970 o 1980, la versión con encarte de algunos números constituye una prolongación coherente, a modo de segunda capa puesta sobre un conjunto ya formado. Es un proyecto de duración, no una operación.

En cambio, este nicho no tiene ningún sentido para quien busca rendimiento. Los encartes no están lo bastante documentados, ni son lo bastante líquidos, ni están valorados de forma lo bastante uniforme como para constituir una estrategia. Quien compra un ejemplar con encarte esperando la prima observada en un número clave se prepara para una decepción en los otros noventa y nueve.

Cómo anotarlo en una colección

Un último punto práctico, a menudo descuidado, y que determina si todo este trabajo de identificación sirve de algo.

Una particularidad invisible desaparece de la memoria de una colección en pocos meses. Localizas un encarte, te alegras, guardas el cómic, y dos años después ya no sabes cuál de tus tres ejemplares de ese número lo llevaba. El problema no es la identificación, es el rastro.

La buena práctica consiste en tratar el ejemplar con encarte como una entrada distinta en el inventario, y no como una nota tirada en un comentario. Concretamente: una línea por ejemplar, con la mención del encarte, su estado y, si es posible, una fotografía del canto y de la doble página central. La fotografía del canto tiene una utilidad particular: es la prueba que podrás mostrar sin volver a abrir el cómic. Es exactamente el tipo de información que una aplicación de seguimiento de colección está hecha para retener, y que el archivador de fichas en papel pierde sistemáticamente.

Hay que anotar también los negativos. Anotar que un ejemplar concreto no lleva ningún encarte tiene tanto valor como lo contrario, porque te dispensa de volver a inspeccionarlo. En una serie de ciento cincuenta números dentro de la ventana de fechas correcta, la diferencia entre una lista de inspecciones llevada y una no llevada representa varias horas de trabajo rehecho.

Por último, una recomendación de conservación. Si posees un ejemplar con encarte, el riesgo principal no es el desgaste sino la retirada accidental, por ti o por otra persona. Un cómic con encarte se abre mal, y es al forzar la apertura cuando se arranca la doble página central. Manéjalo en plano, limita las consultas y, si el ejemplar tiene valor, considera que una funda rígida protege aquí tanto la particularidad como el estado. Una estimación previa te dirá si esta precaución se justifica para el ejemplar que tienes entre las manos.

Preguntas frecuentes

Mira el canto superior del cómic cerrado, con luz rasante. Un encarte impreso en cartulina o en papel satinado grueso forma una banda visible en medio del grosor, a menudo de un tono distinto del papel prensa que lo rodea. Esta comprobación lleva tres segundos y no manipula nada, así que no corre el riesgo de dañar las grapas. Comprueba antes la fecha de publicación: antes de 1972 y después de finales de los años 1980, la hipótesis es muy improbable. En los números fechados en octubre de 1980 y posteriores, añade una condición más: el ejemplar debe ser una edición de quiosco.
No, y es el malentendido más extendido sobre el tema. La prima se manifiesta en números ya muy buscados, donde una población de compradores lo bastante amplia se interesa por las particularidades de ejemplar. En un número de mitad de serie, la misma escasez no produce ninguna diferencia medible, porque no hay suficientes compradores para que la distinción sirva para desempatar nada. El encarte no inventa valor, amplifica un valor preexistente. En la gran mayoría de los números afectados, esa amplificación es nula o queda ahogada en la dispersión normal de los precios.
No se trata de un defecto de desgaste sino de una página que falta, lo que se trata de forma distinta. Las observaciones comunicadas por coleccionistas indican que CGC atribuye en este caso una etiqueta verde, llamada Qualified, que señala que el ejemplar está incompleto. Sobre todo, no intentes nunca volver a pegar un encarte encontrado: una intervención de este tipo es restauración y conlleva una etiqueta aún menos favorable. La regla general se aplica aquí sin excepción: no se añade nada ni se quita nada a un cómic de colección.
Porque el anunciante no se dirigía al gran público sino a una población precisa: los militares estadounidenses destinados, tanto en el territorio nacional como en el extranjero. Solo los ejemplares destinados a los puntos de venta de las bases recibían el encarte, el resto de la tirada salía sin él. No se trata, pues, de una tirada limitada decidida por la editorial, sino de una segmentación de la distribución. Es esa geografía, y no una escasez deseada, la que explica la baja proporción de ejemplares afectados. Las fuentes divergen sobre la extensión exacta del circuito, pero la mayoría retiene a la vez las bases estadounidenses y las instalaciones en el extranjero.
Nadie lo sabe con certeza, y es mejor admitirlo. Circula una cifra de alrededor del 2 % en algunas obras de referencia, pero se presenta allí como una opinión más que como una medida, y ninguna fuente documenta su método de cálculo. Los registros de coleccionistas más rigurosos se limitan a decir que la proporción es desconocida y que los ejemplares con encarte aparecen claramente menos numerosos que los ejemplares ordinarios. Ante esta incertidumbre, razona en términos de escasez relativa y de dificultad de hallazgo en lugar de un porcentaje preciso.
No, se imponen dos comprobaciones. Primero, la publicidad debe estar a nombre de Mark Jewelers: otros anunciantes del sector de la joyería usaron encartes comparables en números de principios de los años 1970. Después, debe tratarse de un cuadernillo físicamente distinto, añadido al ensamblaje, y no de una página impresa en la paginación ordinaria del cómic. Algunos números de principios de los años 1970 contenían una publicidad de Mark Jewelers de una sola página en papel corriente: toda la tirada la llevaba, así que no hay ninguna variante que buscar en ese caso.
Los informes citados con más frecuencia sitúan los encartes entre 1972 y 1986, con ejemplares localizados desde los números fechados en agosto de 1972. Algunas fuentes prolongan la práctica hasta principios de los años 1990, sin que el último encarte esté establecido con certeza. En la práctica, concéntrate en los números de Marvel y DC de los años 1970 y de la primera mitad de los años 1980, que constituyen lo esencial del corpus documentado. En el tramo posterior a octubre de 1980, limita tu inspección a los ejemplares de la edición de quiosco, ya que el encarte no aparece en ninguna otra parte.
No, y es una trampa real. Los coleccionistas que siguen este tema señalan que la mención del encarte se ha omitido a veces en las etiquetas, obligando a algunos propietarios a hacer reetiquetar su ejemplar para que la particularidad aparezca. Una etiqueta antigua y muda no es, por tanto, una prueba negativa. Si compras un ejemplar sellado de un número conocido por haber recibido encartes, pide fotografías que permitan juzgar, y trata la ausencia de mención como una incertidumbre más que como una respuesta.
Aviso sobre marcas: los títulos y los nombres de personajes mencionados son marcas registradas de sus respectivas editoriales. CGC es una marca registrada de Certified Guaranty Company. My Comics Collection no está afiliada a ninguna editorial de cómics ni a ningún servicio de calificación. Las referencias se hacen con fines puramente informativos y descriptivos. Los importes citados corresponden a transacciones públicas fechadas y no constituyen ni una cotización, ni una garantía de valor, ni un consejo de inversión.